La intensidad del tiempo

3 04 2009

Cuando llegué a Ecuador, los días parecían semanas y las semanas meses, el tiempo se ralentizaba, todo marchaba a cámara lenta. Qué sensación más extraña y pensaba: “Sólo han pasado tres semanas desde que me fui, me parece un año…”

Poco a poco, el tiempo se aceleró, sin quererlo se escurría entre  mis dedos. Era lunes y, enseguida, en un abrir y cerrar de ojos, era viernes. Quería volver al estado anterior, pero era imposible.

El tiempo, supuestamente lineal e inalterable, jugaba con mis sensaciones, me disponía a su antojo y me hacía vivir la vida según sus criterios de intensidad.

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