Cooperadoras Salesianas: entrega y dedicación a cambio de sonrisas

16 01 2009
Los niños hacen gimnasia en el altillo de la iglesia.

Los niños hacen gimnasia en el altillo de la iglesia.

Una década entregadas a los niños del barrio Cuba de Guayaquil. Uno de las zonas más abandonadas de la ciudad. Un lugar que se encuentra a solo un paso de uno de los lugares más lujosos de la capital del Guayas: el barrio del Centenario.

Cooperadoras Salesianas creó hace diez años en el altillo de una iglesia del barrio el Centro Padre Felipe Roggia. De lunes a viernes ofrecen a cerca de 80 menores un refuerzo educativo que les ayude a mejorar su rendimiento escolar. Es difícil el sustento, y más en época de crisis, tanto es así que son las propias voluntarias las que llevan la merienda a los niños. Cada día le toca a una. Aún así, y a pesar de las dificultades, no pierden la ilusión por ver que la vida de estos niños mejore en algo.

Su sueño sería poder contar con una escuela propia. Un centro con jardín donde los menores pudiesen realizar actividades físicas. Y no parece un proyecto imposible, dado que Cooperadoras Salesianas cuentan con un terreno en el propio barrio Cuba desde hace tres años. Está el solar, pero no la financiación para poder construir el soñado centro. Y a pesar de la importante labor que realizan en este sector popular, no han conseguido que nadie, empresa o institución pública, financie un proyecto que sin duda sería importante para el mejora de la vida de estos niños que cada día acuden al Centro.

La del mandil azul es Alegria, que nombre tan bien puesto.

La del mandil azul es Alegría, que nombre tan bien puesto.

Aquí conocí a Alegría (su nombre no podía describirla mejor). Mujer llena de fuerza que transmite, con serenidad y emotividad, el trabajo que cadía día hacen con los niños. También transmite la frustración por no poder ofrecer más. Ella fue la primera en llegar al barrio Cuba. Comenzó a tocar a las puertas de las familias, hogares desestructurados, a darles escucha y cariño. Todo el barrio la conoce.

¿Ven el mandil azul que lleva? Dice que es su protección, su armadura. A pesar de ser un barrio bastante peligroso, jamás les ha pasado nada. Las Cooperadoras Salesianas son queridas y respetadas. Los mayores saben que a diario son ellas las encargadas de cuidar a sus hijos.

Cada familia paga una cuota anual de 5$, algo así como 4 míseros euros, y con ese dinero ellas se van apañando el día a día. Muchos pensarán que sólo se trata de una forma más de asistencialismo, sin embargo, en estos casos se demuestra que se hace necesario y que la posibilidad de tener un proyecto a largo plazo es inalcanzable por la falta, como siempre, de dinero.

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